Una gran decepción
Hemos estado el 27 de julio comiendo: 9 adultos y dos niños. Acudimos para celebrar el 90 cumpleaños de mi padre ya que las valoraciones/opiniones en la red eran bastante favorables. Solicitamos que nos sirvieran en un comedor pequeño pensando que, de ese modo, tendríamos más privacidad, pero la realidad es que casi morimos achicharrados, pues el aire acondicionado no funcionaba y, además, se filtraba todo el ruido/follón del comedor grande.Si en este lugar alguna vez se comió bien, fue en otra época, eso lo tenemos claro. La comida es casera, pero extremadamente corriente y la presentación deja bastante que desear. Se puede presentar un solomillo con patatas y unos pimientos rojos de lata que aportan vistosidad al plato, pero en este restaurante el solomillo viene troceado (varios trozos) y sólo acompañado de esas patatas industriales, listas para freír. El bacalao a la riojana también troceado y con más patatas industriales. Nada de cuencos de barro para presentar las alubias, ni manitas de cerdito ni otras viandas que supuestamente son especialidades de la casa.Llegamos a los postres y me pido la torrija, porque había leído que era buena y es uno de mis postres favoritos, pues bien, estaba tan seca que costaba hincar la cuchara; ni mi hija ni yo nos la hemos podido comer; es la peor torrija que he probado en mi vida. Mi cuñada ha pedido natillas y dice que estaban buenas, pero se las han servido en un plato sopero, como si fuera un gamellón, revueltas, sin gracia ninguna.Total, 18 euros el menú, pero no lo vale en absoluto, pues ni tan siquiera las camareras muestran simpatía. Lo siento, pero NO puedo recomendar este lugar para comer, lo cual es una pena, porque no hay muchos restaurantes por la zona.
